LA BODA DE JUAN CARLOS
Estábamos estudiando en la universidad y habíamos conformado un grupo muy unido que compartíamos toda clase de experiencias tanto académicas como personales.
De nuestro grupo era parte Juan Carlos un joven que estaba próximo a casarse porque, según rumores, se había comido el pastel antes de.
Como era de esperar nuestro compañero nos invitó a todos a su boda incluyendo a una querida profesora que nos ayudaba y apoyaba en nuestra formación profesional.
Al ser estudiantes y no contar con suficientes recursos económicos hicimos una vaca para comprar un regalo en común.
El día del evento llegó y debíamos viajar muy temprano y con pocos chuminos en el bolsillo, desde San José hasta casi cien kilómetros de distancia, tomando varias cazadoras para asistir a tan esperada actividad social .
Las hienas hambrientas eran una broma comparadas con nosotros que estábamos literalmente muertos de hambre después de viajar tantas horas.
La ceremonia religiosa concluyó entre lágrimas, aplausos, felicitaciones y las tradicionales lluvias de arroz sobre los contrayentes.
La tan esperada comilona; perdón, recepción sería en un salón comunal aledaño al templo donde se realizó el oficio religioso. Como almas que lleva el diablo nos aplanamos en unos taburetes de madera que parecían matracas. Con sumo cuidado nos sentamos con el gran temor de llevarnos un costalazo si alguno de los bancos de desarmaba.
Los minutos parecían horas. Se veía el ir y venir de personas llevando ollas de allá para acá y de acá para allá . Los ansiados platillos no llegaban a nuestra mesa.
Al rato sirvieron en unos vasitos plásticos una bebida colorada con sabor a guaro y a naranja. ¡Al menos algo de beber en medio de aquel filo y sed que nos gastábamos!.
De pronto, el maestro de ceremonias tomó el micrófono del discomóvil y dijo:
-Su atención por favor, Juan Carlos tiene un mensaje para ustedes.
-Buenas tardes queridos amigos en nombre de Teodolinda, mi nueva esposa y de mi persona queremos agradecer su presencia en un acto tan importante para nuestras vidas. Tenemos el honor de contar entre nuestros invitados, con la presencia de nuestra querida profesora Flor Alicia a quien invitamos a integrar la mesa principal.
La profesora tímidamente y con mucho cuidado se levantó de nuestra mesa y aceptó el pedido de nuestro compañero.
Mientras se escuchaban murmuraciones de los asistentes:
-¡Juemialma qué filo!.
-¿Solo van a dar este compuesto que me almadió todo?.
-Callate los ojos yo veo azul del hambrón que me gasto.
-¡Sea tonto mae, venir de tan lejos a ésta vara para que no le den a uno la jama rápido!.
-¡Acharita las tres tejas que gasté en el regalo, mejor me hubiera ido a comer un casado y me sobra para las birras!.
-¿Qué decir del aterro de plata que gastamos en pases?.
-¡Hp matrimonio más pura tuza, no dan jama!.
Las horas transcurrían y ni por asomo un plato de comida aparecía. Intentábamos saciar el feroz apetito con una gomitas dulces colocadas en palillos de dientes alrededor de una toronja, sobre cada mesa.
Ante el asombro de los asistentes se escuchan los gritos de una mujer:
-¡Ay, ay me quebré, me quebré!. Por favor ayúdenme a levantarme, lloraba desesperada la dama.
¿Qué sucedió ?. Las patas del banco donde estaba sentada la profesora se habían quebrado. De inmediato la levantaron del suelo comprobando que solo estaba golpeada por el guamazo que se llevó la pobre al caer del destartalado banco .
-¡Ay no!. Mejor me cambio de asiento, me da terror caerme nuevo .
Los comentarios acerca de la inexistencia de comida no
cesaban.
Habían transcurrido tres horas y la tensión era cada vez más evidente. Muchos abandonaron el recinto propalando entre dientes toda clase de improperios:
-¡Hp gente más agarrada ni un miserable arroz con pollo dieron!.
-Seguro guardaron toda la comida para repartírsela entre los familiares.
-Me c*** en la hora que vine a esta puercada desde tan lejos.
Eso y hasta maldiciones se escuchaba por doquier.
Nuevamente nuestro compañero afligido y avergonzado tomó el micrófono y dijo:
-Rogamos a todos los presentes disculparnos por no ofrecerles la comida que se había preparado para la celebración. Todos los alimentos se descompusieron y para evitar una intoxicación masiva, decidimos no repartirla .
Agradecemos su asistencia, los presentes traídos y les rogamos las disculpas del caso.
Algunos comentaban:
-Al menos hubieran comprado hamburguesas o empanadas en la soda del pueblo.
-¡Qué relajo!. Venir desde lejos a aguantar hambre .
-Una vez capan al perro, pero dos ya no porque no tiene huevos. A mi no me agarran en otra.
-Yo que casi me quiebro toda con el bombazo que me llevé.
Y yo que escribí la historia les cuento que luego me invitaron a otra boda y sucedió algo similar y por eso agradezco que no me inviten a ese tipo de eventos .
-Pierde uno hacha, calabaza y miel .

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