LA PERFUMADA
En un lejano pueblo, una pizpireta mujer que gustaba de mudar y oler bien comprando todo a polacos y por cierto; según dicen por ahí, amarraperros número uno, contactó a una recién venida del extranjero más tica que el Gallo Pinto y que vendía perfumes disque importados (aqui entre nos, traídos de la frontera todo paqueteado) en abonos semanales.
-¿ A qué precio lleva el Indra?.
-A doscientos pesos con abonos semanales de diez.
-¡Ay qué rico, es mi preferido!.
-Mira tú, llevar Charlie a doscientos cincuenta pesos. Ese perfume estar de moda en los Estados Unidos. Tú con esa perfume no quitar pretendientes de encima . Dejate los dos y me dar de prima veinte pesos y después seguir abonando quince cada semana . ¿Qué te parecer honey?
-Si, si claro, yo estoy concertada donde la Macha y ella me paga viernes, usted pasa por el abono los sábados .
-Ya que la hacer negra, hacerla trompuda; agarra esa crema Charisma y me abonar los veinte pesos par semana.
-¡Juega, me dejo todo!. Ya me imagino la envidia que voy a provocar entre las viejas que van al salón porque esas solo huelen a Lais o a Cuatro Rosas; o sea puro pacholí. ¡Jajaja se van a morir de la envidia!.
-¡Oh yes girl, tú va a ser el centro de atención de esa salón!
-¡Obvio!
-Bueno sweety dame ahora las veinte da prima.
-Deme treinta vueltos y le pago con cincuenta.
-Aquí tener al vuelto. Ahí me contar como te ir con esos aromas.
Según lo convenido, la vendedora pasa a recoger el abono el sábado por la tarde.
-¡Hello!. ¿Estar Minga?. Venir por el abono.
-¡Ay qué vergüenza!. No ve que a mi hija se le quebró la plancha de dientes, comiéndose unos jocotes tronadores y anda donde el dentista arreglándola. Una muchacha joven y linda como ella, no puede andar sin dientes .
-Yes, Ms. Berta tener usted razón. Decir a Minga que venir Ms. Rose.
-¡Cómo que Rose ni que niño muerto!. Yo la conocí a usted por Casimira cuando era chiquilla, usted es hija de Salomón y doña Chayo.
-¡Ay Ms. Berta olvidar de eso yo ahora me llamar Ms. Rose!. Venir de los Estados Unidos y allá me cambiar nombre.
-Bueno Casimira o Rose como diablos se llame, yo le doy el recado a Minguita cuando venga.
Rose comenta a su acompañante:
-¡Condenada vieja esa!. Mi creer que después de tantos años, olvidar de esa horrible nombre que me poner aquí.
-Hacete la maje Casi… perdón Rose.
-¡Ya estar tú igual que la vieja esa!.
Transcurre otra semana y “Rose” ¡que se yo como se llama esa fachenta! pasa de nuevo a cobrar el abono y otra vez le sucedió una desgracia a Minga que le impide pagar el abono; según un día su papá, otro el tío, otro el primo, otro el perro, otro el gato… en fin la cosa es que la famosa chica lleva ocho semanas sin pagar la cuota por la compra hecha a doña “Rose”.
Por supuesto que la vendedora de perfumes ya estaba harta de cobrar y no recibir los pagos acordados.
Encanfinada la mujer decide cobrar a su modo la deuda. Así que decide preparar una estrategia para vengarse de la chollada de Minga.
Un sábado por la tarde como era costumbre, la que no quería pagar y que prefiero no mencionar porque hasta a mi, creador de la historia me cae en una y me rebota en la otra; estaba muy alegre bien mudada y perfumada a puro fiado, rajando entre sus amigas:
-Chiquillas, ¿vieron mi nuevo vestido ?. Por ahí hay más de uno que no me quita ojo de encima. ¡Claro!. ¿Cómo no si ando bien tirada con buen chainin y con perfumes caros ?.
-Vos te das esos gustos porque ganás bien ahí donde estás concertada. Los machos pagan mejor que los nacionales.
Algo inesperado estaba por suceder. Doña “Rose”, (otra que tengo atravesada) apareció en el salón toda simpática saludando a todo el mundo como si fuera la mismísima Tica Linda.
-Mis amores, ¿Cómo
estar ustedes?
-¡Qué linda Mirita, dichosos ojos que te ven!. Hacia años no te veíamos por aquí.
-Oh si, oh si; callar por favor mi ser Rose.
-¿Saber dónde estar Minga?.
-Mírela allá por la rocola está en aquel grupo de chicas .
A grito pelado, Rose :
-¡Hello Minga!. ¿Cómo
ir con las perfumas de Rose Collins?.
-¡Ay doña Rose, cuánto tiempo sin verla! ¡Qué alegría !
-¿Alegría?. ¡sinvergüenza, chollada, poca pena, amarraperros!.
De repente “Rose” saca de su cartera un misterioso envoltorio y destapándolo, se lanza sobre Minga, atoyándole el contenido sobre el vestido, el cuello, la cara, los brazos y demás.
Ante la mirada atónita y las incontrolables risas de todos los presentes, “Rose” gritaba:
-Olerás a M*** HP*** pero a perfumes de Casimira Artavia o decir Rose Collins, no olerás.
Desde aquel hecho tan bochornoso para la pobre Minga, ésta no quedó convidada de volver a amarrar el perro a nadie.




No hay comentarios:
Publicar un comentario